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jueves, agosto 5, 2021

Flotas, renting y vehículos de ocasión

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Europa fija en 2035 el fin de los vehículos de combustión; los fabricantes reclaman infraestructuras de recarga y lamentan que se prohíban tecnologías

La Comisión Europea ha lanzado su penúltimo órdago para hacer de Europa el primer continente climáticamente neutro en 2050. Para ello, propone una disminución del 55% de las emisiones de los vehículos nuevos en 2030 y del 100% cinco años después respecto a los niveles de 2021.

El objetivo es loable, pero la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA) asegura que para conseguirlo hace falta un compromiso vinculante para que los Estados miembros construyan la infraestructura de carga y repostaje necesaria, argumenta que prohibir una sola tecnología no es una forma racional de avanzar en esta etapa y reclama una cuidadosa gestión para minimizar el impacto en la economía y puestos de trabajo europeos.

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Por su parte, el grupo ecologista Transport & Environment pronostica que la propuesta de la Comisión hará más asequible el coche eléctrico y muestra su malestar por no haber hecho nada contra los biocombustibles.

La Comisión Europea adoptó ayer un conjunto de propuestas para adaptar las políticas de la Unión Europea en materia de clima, energía, uso del suelo, transporte y fiscalidad a fin de reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero y conseguir que Europa se convierta en el primer continente climáticamente neutro en 2050.

En materia de automoción, la propuesta más importante señala la necesidad de combinar medidas para hacer frente al aumento de las emisiones en el transporte por carretera, a fin de complementar el comercio de derechos de emisión. Unas normas más estrictas en materia de emisiones de CO2 para turismos y furgonetas acelerarán la transición hacia una movilidad sin emisiones, señala, al disponer que las emisiones de los vehículos nuevos disminuyan el 55% a partir de 2030 y el 100% a partir de 2035 en comparación con los niveles de 2021.

Como consecuencia de ello, todos los vehículos nuevos matriculados a partir de 2035 serán de cero emisiones, lo que supondrá el fin de las motorizaciones gasolina y diésel. Para velar por que los conductores puedan repostar o recargar sus vehículos en una red fiable en toda Europa, el Reglamento revisado sobre la infraestructura de los combustibles alternativos exigirá a los Estados miembros que amplíen la capacidad de carga en consonancia con la venta de vehículos de cero emisiones y que instalen puntos de recarga y de repostaje a intervalos regulares en las principales autopistas: cada 60 kilómetros para la recarga eléctrica y cada 150 km para el repostaje de hidrógeno.

Asimismo, el alto organismo europeo propone un nuevo Fondo Social para el Clima que proporcione financiación específica a los Estados miembros para ayudar a los ciudadanos a costear inversiones en eficiencia energética, como una movilidad más limpia. Se financiará con cargo al presupuesto de la UE y aportará 72.200 millones de euros en concepto de financiación a los Estados miembros para el período 2025-2032. Además, el Fondo movilizará 144.400 millones de euros para una transición socialmente justa.

Compromiso vinculante

Oliver Zipse, presidente de Asociación Europea de Constructores de Automóviles (ACEA) y director ejecutivo de BMW, valora las propuestas de la Comisión y aclara que “los objetivos climáticos ambiciosos necesitan un compromiso vinculante de todas las partes involucradas. La Comisión Europea ha dejado muy claro hoy que el Pacto Verde solo puede tener éxito con objetivos obligatorios para el aumento de la infraestructura de carga y reabastecimiento de combustible en todos los Estados miembros. Explica Zipse que dicha infraestructura “será esencial para cargar los millones de vehículos eléctricos que los fabricantes de automóviles europeos traerán al mercado en los próximos años y para lograr una reducción sin precedentes de las emisiones de CO2 en el sector del transporte”.

Sin embargo, ante las propuestas de la Comisión Europea, ACEA replica que prohibir una sola tecnología no es una forma racional de avanzar en esta etapa, especialmente cuando Europa todavía está luchando por establecer las condiciones adecuadas para los vehículos de propulsión alternativa. Todas las opciones, incluidos los motores de combustión interna altamente eficientes, los híbridos, los vehículos eléctricos de batería y los vehículos de hidrógeno, deben desempeñar su papel en la transición a la neutralidad climática, especialmente a medida que se trabaja para reducir la huella de carbono de toda la flota de vehículos en la calle, no solo de los nuevos.

En este sentido, la asociación europea expone que más que el motor de combustión, lo que es perjudicial para el medio ambiente son los combustibles fósiles, y defiende que sin combustibles renovables disponibles, un objetivo de reducción del 100% en 2035 es prohibir el motor de combustión interna.

Aumento de los esfuerzos

El objetivo propuesto de reducción de CO2 para automóviles del 55% para 2030 (basado en los niveles de 2021) es un gran desafío y reclama compromisos vinculantes para que los Estados miembros construyan la infraestructura de carga y repostaje necesaria. Además, el nuevo objetivo de CO2 acelerará significativamente la transformación estructural de la cadena de valor automotriz, lo que requerirá una cuidadosa gestión para minimizar el impacto en la economía y puestos de trabajo europeos.

Este mayor ajuste que se demanda a los constructores de automóviles para 2030, entiende Zipse, “requiere un aumento masivo de la demanda del mercado de vehículos eléctricos en un período corto de tiempo”, por lo que sin un aumento significativo de los esfuerzos de todas las partes interesadas, incluidos los Estados miembros y todos los sectores involucrados, el objetivo propuesto simplemente no es viable.

Y es aquí donde la asociación europea muestra su preocupación, pues observa que los objetivos, 3,5 millones de puntos de recarga para 2030, están muy por debajo de los que se requieren, 6 millones.

El director general de ACEA, Eric-Mark Huitema, exige, por tanto, una fuerte coordinación política para lograr el objetivo final de abordar el cambio climático “de la manera más eficiente, al tiempo que se mantiene la movilidad al alcance de todos los europeos y se preservan los puestos de trabajo para los trabajadores del automóvil”.

Eléctricos baratos

Por su parte, los ecologistas de Transport & Environment (T&E) consideran que si todos los vehículos nuevos en 2035 son libres de emisiones, como plantea la Comisión Europa, los ciudadanos podrán adquirir de forma asequible un vehículo eléctrico. Así lo expresa Isabell Büschel, directora de T&E en España, cuando expone que “las nuevas normas de la UE garantizarán el acceso universal a los automóviles eléctricos y darán un importante impulso a la infraestructura de carga, lo que significa que los automóviles limpios serán pronto asequibles y fáciles de cargar para todos los europeos.

Si bien, Büschel ve un problema que los fabricantes solo tengan la obligación de empezar a vender estos automóviles más limpios en 2030 y advierte que “nuestro planeta no puede permitirse otros nueve años de grandes declaraciones de intenciones y muy pocas acciones reales por parte de la industria automovilística”.

T&E percibe, asimismo, que para alcanzar ese 100% libre de emisiones en 2035 es necesario definir objetivos de CO2 intermedios a partir de 2025, para garantizar que los fabricantes aceleran su producción de vehículos libres de emisiones, lo que abaratará los costes y generará más aceptación por parte de los consumidores.

Sobre la infraestructura de recarga, prevé que el aumento de la misma suponga un fuerte impulso para los camiones libres de emisiones y se queja de que la Comisión no haga nada para acabar con los biocombustibles producidos a base de cultivos, que pueden generar incluso más emisiones que los combustibles fósiles a los que sustituyen.

En lugar de eso, la nueva legislación establece objetivos insosteniblemente altos para los biocombustibles avanzados y los combustibles de hidrógeno. Büschel lamenta que “la nueva legislación sobre combustibles ecológicos es una oportunidad perdida. Deberíamos deshacernos ya del diésel a base de palma y de soja que están provocando actualmente la destrucción de la selva tropical”, y demandapromover al máximo el uso de electricidad renovable tanto en turismos como en camiones, en lugar de proponer una cuota completamente irreal para los denominados biocombustibles avanzados”.

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